La atención es un mecanismo cognitivo que, mediante la focalización, selecciona ciertos estímulos externos significativos. Esta selección permite el procesamiento de la información y su integración a esquemas mentales para construir nuevos aprendizajes, determinándose de esta forma su relación y relevancia con respecto a los procesos educativos.
En el ejercicio de las prácticas pedagógicas, la metodología implementada se constituye como un referente de la dinámica que se produce entre atención y educación, donde se deben considerar las necesidades, intereses y etapas de desarrollo de los estudiantes, lo cual influye y determina sus variables de disposición interna. Además, se debe contemplar la intensidad, novedad y organización de los estímulos de aprendizaje, los cuales son elementos constitutivos de la motivación.
Desde este planteamiento, surge la interrogante respecto a los criterios de flexibilidad que dispone un profesor para seleccionar contenidos relevantes, pertinentes y significativos que permitan la participación y autoconstrucción de los niños en los procesos de enseñanza-aprendizaje. A esto se suma que la distribución de los tiempos de una clase, la distribución horaria de las asignaturas y el diseño curricular, inciden directamente en el fenómeno de la atención por cuanto son factores que posibilitan la coherencia de las experiencias de aprendizaje en el aula.
En la realidad de la educación chilena, estos parámetros no siempre están presentes en las prácticas pedagógicas de la actualidad, en donde se observa un fenómeno generalizado de apatía y desinterés por parte de un número considerable de alumnos, que son vistos como receptores pasivos dentro del sistema educacional.
Una de las evidencias es que algunos docentes, ante este síntoma de desinterés por los aprendizajes y a partir de características de falta de atención de ciertos alumnos, aludan a un supuesto diagnóstico de déficit atencional, lo cual constituye una apreciación errónea, puesto que se ha demostrado que la mayoría de éstos casos son resultado de estrategias poco motivadoras que no logran orientar la percepción ni captar la atención y por ende, los estímulos distractores pasan a ser más relevantes.
El educador, aparte de constituirse como un ser reflexivo y conocedor de la información que imparte, debe integrar cualidades tales como la cercanía, la afectividad, histrionismo y empatía, lo cual le posibilita el conocimiento de las características perceptivas de los alumnos, facilitándose así la focalización de la atención.
Considerando los procesos cognitivos de percepción y atención, dentro del diseño curricular, se potenciaría el protagonismo y la autonomía de los alumnos generando climas participativos y enriquecedores dentro del aula lo que, complementado con la integración y ejercicio de las competencias antes descritas, puede ser una alternativa que contribuya, en un aspecto significativo y valioso, con la superación de la crisis educacional en Chile.
En el ejercicio de las prácticas pedagógicas, la metodología implementada se constituye como un referente de la dinámica que se produce entre atención y educación, donde se deben considerar las necesidades, intereses y etapas de desarrollo de los estudiantes, lo cual influye y determina sus variables de disposición interna. Además, se debe contemplar la intensidad, novedad y organización de los estímulos de aprendizaje, los cuales son elementos constitutivos de la motivación.
Desde este planteamiento, surge la interrogante respecto a los criterios de flexibilidad que dispone un profesor para seleccionar contenidos relevantes, pertinentes y significativos que permitan la participación y autoconstrucción de los niños en los procesos de enseñanza-aprendizaje. A esto se suma que la distribución de los tiempos de una clase, la distribución horaria de las asignaturas y el diseño curricular, inciden directamente en el fenómeno de la atención por cuanto son factores que posibilitan la coherencia de las experiencias de aprendizaje en el aula.
En la realidad de la educación chilena, estos parámetros no siempre están presentes en las prácticas pedagógicas de la actualidad, en donde se observa un fenómeno generalizado de apatía y desinterés por parte de un número considerable de alumnos, que son vistos como receptores pasivos dentro del sistema educacional.
Una de las evidencias es que algunos docentes, ante este síntoma de desinterés por los aprendizajes y a partir de características de falta de atención de ciertos alumnos, aludan a un supuesto diagnóstico de déficit atencional, lo cual constituye una apreciación errónea, puesto que se ha demostrado que la mayoría de éstos casos son resultado de estrategias poco motivadoras que no logran orientar la percepción ni captar la atención y por ende, los estímulos distractores pasan a ser más relevantes.
El educador, aparte de constituirse como un ser reflexivo y conocedor de la información que imparte, debe integrar cualidades tales como la cercanía, la afectividad, histrionismo y empatía, lo cual le posibilita el conocimiento de las características perceptivas de los alumnos, facilitándose así la focalización de la atención.
Considerando los procesos cognitivos de percepción y atención, dentro del diseño curricular, se potenciaría el protagonismo y la autonomía de los alumnos generando climas participativos y enriquecedores dentro del aula lo que, complementado con la integración y ejercicio de las competencias antes descritas, puede ser una alternativa que contribuya, en un aspecto significativo y valioso, con la superación de la crisis educacional en Chile.

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